Preguntas
PREGUNTAS
Ya que navegas por mi sangre
y conoces mis límites,
y me despiertas en la mitad del día
para acostarme en tu recuerdo
y eres furia de mi paciencia para mí,
dime qué diablos hago,
por qué te necesito,
quien eres, muda, sola, recorriéndome,
razón de mi pasión,
por qué quiero llenarte solamente de mí,
y abarcarte, acabarte,
mezclarme en tus cabellos
y eres única patria
contra las bestias del olvido.
Juan Gelman




Comentarios sobre Preguntas
¿será por la naturaleza humana?
¿esa parte carnal que necesita el complemento?
ante las certezas prefiero las preguntas, las dudas, las incertidumbres, este no saber qué hacer o no saber qué estamos haciendo o sintiendo.tan incierto es todo pero eso lo hace más interesante aún, o no??
a medida que aprendemos nos preguntamos nuevas cosas y son dudas hasta que al fin la respondemos...
la incertidumbre se debe asemejar a la vuelta de la esquina ... no sabes lo que habrá
posiblemene sea nuestro interior el que nos conduzca a aceptar convivir con una interminable duda que la preferimos como parte de la emoción, como una parte de nuestras expresiones, como una necesidad y pare de nuestras ansias
ante esas dudas, nos queda indagar, imaginar... suponer incluso...
vuelvo a tus pregunas y creo que me necesitas, o necesitas de alguien porque esa es tu naturaleza... ya sabes, ser complementada... esa necesidad de satisfacer lo que cada uno necesita....
si te respondes a tí misma, o más bien a mí... ¿por qué dices tú necesitar de alguien?, me gustaría saberlo...
saludos....
Las formas cambian en cada rincón del mundo,volviéndose infinitas y matizables y hasta pretexto hostil de fascismos despiadados. El hueco profundo es la gran duda humana, la gran herida humana, la maravillosa y terrible duda humana de la muerte: belleza abismal y tenebrosa, provocadora de los mejores poemas, los mejores óleos y libros, propulsora de las angustias más humanas y, como si fuera poco, del amor más retorcido que haya podido existir sobre la faz de la tierra. Una especie inmortal no necesitaría amar ni procrear, y seguramente no tendría desarrollado el llanto, ni la necesidad de caer en el hombro de otro ejemplar. Pero la negación de la muerte es también una defensa sustancial en el hombre moderno, el hombre máquina que se pretende inmortal y consumista.
Es por eso que soy partidario de la eterna duda, la que enriquece la mente y el cuerpo, la que hace tiritar a los huesos, la que me hace temblar de frío con el roce de la muerte cuando una mujer se abre paso para atravezarme, hasta sentirla recostada en las vísceras, con la leve sensación de que se come las uñas mientras yo le escribo, mientras la lloro, no por ella sino por todas las cosas condensadas que se vuelven ella.
Tengo que hacer muchas cosas y mucho esfuerzo para no morir. Ahora no puedo seguir. En todo caso regreso más tarde, cuando tanta perfección de aroma de shoping me arrastre con furia hacia los pantanos de la poesía. Un saludo.