como si me arrancaran el alma
si no me sonaran tan al oido tus palabras, delineadas, en una perfecta distancia, en un sonido imperceptible aùn por un sistema más poderoso que un océano que divide mundos (...<algo>...) que no oigo que no miro que no estoy que no siento...es el mío, mis límites...
"Límites
Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar.
Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos,
hay un espejo que me ha visto por última vez,
hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
hay alguno que ya nunca abriré.
Este verano cumpliré cincuenta años;
La muerte me desgasta, incesante." (Borges)
porque (y por qué) me abunda el miedo...porque (ídem) algún ser, entidad o espectro me agobia aprentándome contra una pared, asfixia de no ser, no poder.
sin embargo camino.pensando en caras, quízá una que no se me borra:el enemigo en mis puertas... las mías!
no soy impenetrable.
a veces me creo más y a veces menos y a veces no creo nada, me sigo inerte por lo dado.
no me importa si no tengo coherencia de escuela. la mía es mía y es bella y mía y sola y bella y mía.
(me crean y recrean tus palabras, creo que quiero decir)
yo (cuántas tantas veces habrà sido dicho, qué sentido nuevo tiene <el mío, creo,como si fuera más que una mosca, creo que al final del día lo deduzco [horrible]>, qué tan imponente resulta la muerte en vida o la vida en muerte para decirlo, mierda:cuántos libros y cuadros y llantos harán falta para entender que no merecemos más que eso) la sola, mi sola, (..) sola: yo.




Comentarios sobre como si me arrancaran el alma
Cada vez corto más el corte; el que existe naturalmente solo por ser sujetos que miran y son mirados, desde lejos y tan cerca; esencialmente separados y tan superpuestos y alineados en el fondo. Aquí, el lapsus consiste en que quise decir alienados, que es lo mismo en el fondo.
Cada vez rompo más la ruptura, los lazos, los fraternamientos, dejando un silencio
denso en el medio de las voces.
Cada vez entro más adentro, cada vez más deseo caer sobre mi con los brazos abiertos y apagar el habla, apagar el mundo y, como si me diera vergüenza la palabra, entregarme.
Cada vez más entregarme a las paredes que me dibujan, que se acercan cada vez más. Entregarme a la misma entrega que ventila el sujetamiento de los muros, los que te llaman a ser la figura de la forma y te susurran al oído con frío de fantasma para que trepes cada vez más al imperativo tirano de las academias.
Y dejar la ausencia como mi única presencia hasta que los tópicos miserables la adviertan por última vez y la pesada costumbre no la recuerde nunca cada vez.
Cada vez me importan menos las importancias. No hay nada en aquellas parcelas que me indiquen el sentido sostenido y el sentido bemol cuando se trata de movimientos aparentes que todos imitamos, cuyo único sentido es el mismo cada vez: el más absoluto sin-sentido mientras nos bañamos de oficios.
Cada vez más abandono la refriega del exordio y cada vez más lloro en un silencio brutal de guerra.
Cada vez quiero menos la muerte y cada vez quiero menos la vida.